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- Los pediatras alertan ante los abusos de la tecnología con los prematuros

- Los médicos ven necesario informar a los padres de las secuelas neurológicas que sufren esos niños
- Las ucis incubadoras salvan la vida a bebés muy inmaduros nacidos a las 24 semanas de gestación
El Periódico de Cataluña,  25-01-10
ÀNGELS GALLARDO - BARCELONA

Las incubadoras de los hospitales, perfectas unidades de cuidados intensivos (uci) dotadas de sensores que suplen las funciones fisiológicas de un recién nacido inmaduro, acogen cada año en Catalunya a medio centenar de bebés que llegan al mundo cuando apenas han estado 24 semanas en gestación –casi cuatro meses antes de finalizar su formación intrauterina–, y pesando poco más de medio kilo. Ese es el límite temporal de supervivencia aceptado en los protocolos internacionales para dar la bienvenida a un recién nacido vivo, porque es el periodo que invierte el ser humano en completar la formación de su estructura física. La bienvenida incluye, de forma ineludible, ofrecerle reanimación tecnológica durante dos o tres meses.

Ese umbral de supervivencia es tan frágil que, vista la evolución de muchos de los pequeños que nacen en tan corto plazo de gestación, y analizando las secuelas que padecen, muchos pediatras y neonatólogos empiezan a cuestionarse si sería más lógico establecer el límite oficial de viabilidad vital en las 26 semanas de gestación. Y no en las 24.

“En dos semanas cambian muchísimas cosas en un bebé prematuro”, asegura el doctor Francesc Botet, jefe de la sección de Neonatología en la Maternitat del Hospital Clínic, de Barcelona, dotada de 35 ucis incubadoras de última generación. El tema es objeto de debate en las sociedades científicas de Europa y EEUU. La modificación de ese parámetro exigirá el consenso internacional, pero, mientras no se resuelva, las unidades de neonatología seguirán acatando los protocolos vigentes.

MEJOR, QUE LLORE / “Si un niño nacido a las 24 semanas de embarazo respira, y aún mejor si llora, hay que apoyarle con toda la tecnología disponible, aunque el resultado de ese esfuerzo no siempre sea satisfactorio para él», afirma Botet. Si el bebé está vivo pero apenas puede respirar, hablan con los padres y les proponen una intervención «ajustada y lógica», prosigue Botet. «No somos partidarios de abusar de la tecnología con niños que no tendrán un buen pronóstico –explica–. No hablo de aplicar la eutanasia, que es ilegal, sino de evitar el encarnizamiento terapéutico con los bebés”.

«Nacer pesando 500, 800 o incluso 1.600 gramos implica un alto riesgo de sufrir retraso en el crecimiento y en el desarrollo neurológico y cognitivo», asegura el doctor Eduard Gratacós, responsable del área de Obstetrícia en la Maternitat del Clínic. «No es razonable aplicar técnicas de reanimación extrema a bebés que, sin ninguna intervención médica, morirían de inmediato –añade–. La tendencia es intentar un pacto con los padres y darle al niño un apoyo técnico poco agresivo».

Las cifras de supervivencia de los niños que pasan sus primeros dos o tres meses en una uci incubadora son elocuentes. El 50% de los nacidos tras 24 semanas de embarazo mantienen la vida, aunque lo hacen con alto riesgo de sufrir secuelas. Esa supervivencia se eleva al 75% entre los nacidos tras la semana 26 de gestación y alcanza al 85% de quienes llegan cuando han estado 27 semanas en el útero materno.

Sin apoyo técnico, ninguno de ellos saldría adelante, aseguran los neonatólogos. Así ocurrió en España hasta los años 70. “A los bebés que en esa época nacían hacia la semana 28 de gestación los ponían en una cajita de cartón con algodones, para ver si así, calentitos, sobrevivían –explica el doctor Gratacós–. Apenas salía adelante un 30% de los nacidos antes de la semana 32 del embarazo”.

La urgencia en fijar una nueva pauta oficial que resuelva esta controversia crece a medida que se multiplica la cifra de partos que ocurren antes de la semana 37 de gestación, umbral a partir del cual se inicia lo que se considera un embarazo llegado a su término. Entre un 10% y un 12% de los 520.000 nacimientos ocurridos en España en el 2008 fueron prematuros y los niños hubieron de ingresar en una uci incubadora para superar el déficit de maduración con que invariablemente llegaron al mundo. Son un 60% más que hace 10 años, indican las estadísticas. En ese gran aumento de nacimientos prematuros ha intervenido de forma decisoria, entre otros factores, la innovación tecnológica capaz de salvarles la vida, con secuelas.

FALLOS NEUROLÓGICOS / Un10% de los menores de 6 años sufren alguna alteración neurológica que, en un 70% de los casos, se inició durante la gestación o es consecuencia de un nacimiento antes de término. Estas consecuencias adversas no suelen darse a conocer con la misma intensidad que se anuncian los índices de supervivencia de los nacidos antes de término, advierten los especialistas.

Es conveniente conectar y abrazarse con el bebé que no va a sobrevivir

Implicarse emocionalmene con un hijo nacido tras poco más de seis meses de gestación, que parece ausente y mide dos palmos, resulta conflictivo para algunas madres. Cuando los médicos les advierten de que el niño ha nacido tan prematuramente que tiene pocas posibilidades de sobrevivir, esa vinculación aún cuesta más. Y mucho más si el bebé fallece. En todos esos casos, no obstante, es fundamental que la mujer se vincule con su hijo, ya no tanto por el niño, sino por ella. De esto se ocupa la psicóloga Margarita Ibáñez en el Hospital de Sant Joan de Déu. «Instintivamente, cuando un bebé tiene pocas posibilidades de sobrevivir, sus padres se desvinculan de él, y eso implica que después sientan culpa de pensar cosas como que lo mejor es que muera», explica.

Si ese vínculo no se establece, advierte Ibáñez, existe el riesgo de que un segundo hijo reciba las consecuencias. La mujer puede vivir permanentemente angustiada por la salud del nuevo niño, o convertirlo en un hijo de reemplazo, algo que sin duda complicará el establecimiento de una relación genuina con el segundo descendiente.

La psicóloga Ibáñez intenta que la madre de un bebé prematuro que fallece establezca una relación afectiva con él, que le haga fotos, que lo abrace antes de morir, y que lo entierre y se despida como haría con cualquier otro familiar muy querido. «Solo así podrá establecer una relación sana con otros hijos que pueda tener en el futuro», asegura. De lo hacerlo así, el conflicto reaparecerá, afirma.

El vínculo entre bebés y padres define la fortaleza de los niños

Los recién nacidos que no se vinculan a algún adulto pueden ser objeto de maltrato

À. G.
BARCELONA

Elvireta, de 33 años, dependienta de un comercio del Poblenou, en Barcelona, tiene una niña de 5 meses que apenas llora. Era un bebé chillón al nacer y poco a poco ha ido eliminando la expresión de sus peticiones por medio de la exclamación y el llanto. Elvireta, que adora a su hija, agradece el gesto de la pequeña porque no soportaba sus gritos llorosos. A juicio de los psicólogos expertos en la edad perinatal, esa niña ha suprimido sus berrinches porque sabe que a mamá le disgustaban.

«Madre e hijo, cuando han creado un buen vínculo, tienen una enorme sabiduría sobre el otro –explica la psicóloga Margarita Ibáñez, adscrita al servicio de Neonatología del Hospital de Sant Joan de Déu, de Esplugues–. Los niños bien vinculados están preparados para adaptarse a las condiciones de su madre: si ella no soporta su llanto, el bebé apenas llorará, para no poner en peligro su vínculo». Ese enlace fundamental se ha convertido en el eje de actuación de las unidades de neonatólogos, donde cientos de recién nacidos permanecen las primeras semanas o meses de su vida, el periodo en que, justamente, deberían establecer un vínculo indestructible con su madre o con el adulto que lo cuide.

BASE DE SEGURIDAD / Un niño bien vinculado a un adulto sabe, y acepta profundamente, que es importante para esa persona. Ese sentimiento, explican los expertos, se convierte en recíproco y será la base de seguridad personal con que el niño funcionará el resto de su vida. «Los bebés vinculados a su madre se sienten protegidos, desarrollan una especie de confianza en los demás que les funciona, y eso hace que más tarde sean socialmente más competentes –dice Ibáñez–. Si tienen problemas piden ayuda, y la consiguen». Un 60% de la población estaría en esa situación.

Las dificultades surgen con el otro 40% que no consiguieron el vínculo con ningún adulto y han crecido convencidos de que nadie les ayudará. «No confían en que pedir ayuda les vaya a servir de algo, y no la piden –prosigue la psicóloga–, o lo hacen con gran escenificación emocional, pero sin esperar respuesta».

Tanta importancia se da a este enlace, que las unidades de neonatos prematuros se han organizado para promover, y facilitar, la presencia cotidiana y prolongada de los padres, facilitando que tengan en brazos a sus hijos. Esta misión no siempre es entendida por los propios progenitores. «Muchos, siguen sin darle importancia al contacto con su bebé, o piensan que se va a acostumbrar a estar en brazos, ¡y que eso es malo!», exclama Ángela Arranz, enfermera responsable de la sala de prematuros en la Maternitat del Hospital Clínic. En Sant Joan de Déu han establecido un servicio que atiende a los niños y padres que no lograron vincularse tras el parto y que intentan establecer esta comunicación cuando el pequeño tiene 2, 3 o más años.

Las consecuencias de no haber establecido esos vínculos son muy graves, dice Arranz. «Hay estudios que indican que los niños mal vinculados son objeto de maltrato, porque crecen sintiéndose indefensos y transmiten esa vulnerabilidad», explica. Tras muchos procesos de abuso sexual subyace una ausencia de vínculo tras el nacimiento.

 

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